Vigilia de Corpus Christi

El sábado 9 de junio a las 23,30 h, tendrá lugar la Solemne Vigilia Especial de Corpus Christi; presidida por el Ilmo. Sr. D. Jesús Fernández González, Vicario General de León. La vigilia será abierta y al comienzo de la misma se hará entrega de los distintivos a los adoradores veteranos.

El domingo 10 de junio a las 10,00 h se celebrará en la SI Catedral, la Misa Solemne que sirve de preámbulo a la Procesión del Corpus Christi. Se ruega la asistencia de todos los adoradores portando su correspondiente insignia.

Corpus chico

El domingo 3 de julio se celebró el conocido como «Corpus Chico» en la iglesia parroquial de San Martín y organizado por la Real Cofradía del Santísimo Sacramento de Minerva y la Santa Vera Cruz. La misa fue presidida por el Rvdo. Sr. D. Mauro Melón Santamarta. Al finalizar la Eucaristía, tuvo lugar una procesión Eucarística por las calles que recorren el entorno al barrio de San Martín adornadas por los vecinos con varios altares y flores. La bandera de ANE participó acompañada de cinco adoradores.

Vigilia extraordinaria del Corpus Christi

La noche del sábado 25 de junio se celebró en la Real Colegiata Basílica de San Isidoro la Vigilia extraordinaria del Corpus Christi a las 23:30. Se inició con la procesión de entrada bajo los acordes del himno «Cantemos al amor» con las banderas de ANE y ANFE seguidas por el turno cuatro de ANFE, del turno 25 de ANE y  miembros de los Consejos Diocesanos.

Tradicionalmente la Adoración Nocturna de León realiza en esta vigilia un homenaje a los adoradores veteranos. El director espiritual de ANE, Ilmo. Sr. D. Francisco Rodríguez Llamazares, bendijo los distintivos y los diplomas que se iban a entregar a continuación y se hizo la imposición a los siguientes adoradores.

Adoradores veteranos, por haber cumplido las 125 vigilias:

Turno 12.-      D. Eleacín Negral Fernández
Turno 17.-      D. Luis Rodríguez Pérez
Turno 18.-      D. José Antonio Oliva Bárcena
Turno 19.-      Rvdo. Sr. D. Mauro Melón Santamarta
Turno 21.-      D. Benito Falagán Cordero
Turno 25.-      D. Agustín Peña Martínez
Turno 27.-      D. Gerardo Bravo Cascallana

Adoradores veteranos constantes, por haber cumplido las 250 vigilias:

Turno 11.-      D. Nazario Clemente Rodríguez
Turno 15.-      D. Francisco Díez-Ordás de Cadenas
Turno 18.-      D. Máximo Cayón Diéguez
Turno 20.-      Ilmo. Sr. D. Jesús Miguel Martín Ortega
Turno 22.-      D. Eusebio Rodrigo Fernández
Turno 23.-      D. Felipe Juan José Andrés Cano

Adoradores veteranos constantes de asistencia ejemplar, por haber superado las 500 vigilias:

Turno 11.-      D. José Luis Pérez Alonso
Turno 18.-      D. José Luis Arredondo Fernández

Los adoradores veteranos realizaron después la aceptación de las obligaciones propias de su condición de veteranos y besaron la bandera. Tras ello se entonó el canto de entrada para dar comienzo a la celebración eucarística. Presidió el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Julián López Martín, obispo de León. Concelebraron los Ilmos. Srs. D. Francisco Rodríguez Llamazares y D. Jesús Miguel Martín Ortega; los MI. Srs. D. Fabián Castaño del Riego, D. Juan Jesús Fernández Corral, D. Luis García Gutiérrez, D. Manuel Viñayo González; Monseñor D. Antonio Recio Díez; los Rvdos. Srs. D. Baldomero Valladares López, D. Cecilio Villarroel Fernández, D. Mauro Melón Santamarta y D. Pedro del Cano Salán. Participaron también, colaborando en la dirección y ambientación musical de la vigilia los MI Srs. D. Teodomiro Álvarez García y D. Amado Urdiales García.

En la homilía el señor Obispo comenzó recordando las palabras del Evangelio «yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo»; afirmación que «constituye el anuncio, la promesa del misterio que estamos celebrando en esta solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Jesús manifestó lo que quería ser para nosotros». Estas palabras de Jesús «se refieren a la esencia misma del misterio eucarístico. Jesús había venido para comunicar a la humanidad la vida divina para que todos tuviéramos vida y la tuviéramos en abundancia. Él era el buen pastor dispuesto, no sólo, a dar la vida por el rebaño sino y a ser su pasto, su alimento».

Recordó como de la mesa de la última cena, escogió dos elementos de la naturaleza y del trabajo de los hombres, el pan y el vino. «Quiso transformarlos, con el poder del Espíritu en su propio cuerpo y en su propia sangre y que conservasen el carácter simbólico de comida y de bebida, no para el cuerpo, sino para el alma; de manera que todos pudiésemos comprender que, de la misma manera que el ser humano necesita comer y beber para vivir, así también el cristiano necesita alimentarse de la Eucaristía para conservar la vitalidad que ha recibido como gracia en el bautismo».

«Las palabras de Jesús suscitaron una fuerte reacción en su auditorio. Los judíos, se escandalizaron, quizás no tanto porque Jesús ofreciera su cuerpo como comida, sino muy especialmente porque ofreciera su sangre como bebida. En el mundo bíblico la sangre es la sede de la vida, es la expresión de la vida misma y al hombre no le es lícito ni derramarla ni menos aún alimentarse de ella. […] Pero Jesús aludía a esa fuerza invisible que transforma todas las cosas, al poder de Dios y por tanto a la necesidad de la fe». Estas palabras son un desafío para los judíos y para el hombre de hoy «acostumbrado a definir la realidad únicamente por lo que ve y por lo que palpa sin entrar en el misterio de las cosas. El pan y el vino son Sacramento, o lo que es lo mismo,  son signos de una presencia e invitación a la fe, a fiarse de la palabra de Dios».

Pidió para que en esta noche a nosotros se nos abran los ojos como a los discípulos de Emaús y recibamos la luz de la fe, así «podremos reconocer en el Señor que se nos da como alimento, al compañero del camino, al peregrino que acompasa su andar al nuestro, al amigo que se une a nosotros cuando nos falta la esperanza o cuando surge la duda en la fe». «Necesitamos la Eucaristía para encontrarnos a nosotros mismos en el Señor y para salir de nuevo al encuentro de nuestra propia vida, de nuestros semejantes y de nuestra sociedad.»

«Jesús consciente de que necesitamos reforzar nuestra fe y creer más en nuestras competencias y habilidades viene en las celebraciones Eucarísticas para invitarnos, para ofrecerse, para darse como alimento espiritual, alimento de vida eterna. Necesitamos de la Eucaristía para seguir caminando y por eso le pedimos “Señor danos siempre de ese pan”».

Tras la Eucaristía dio comienzo una vigilia doblemente extraordinaria; por ser la del Corpus Christi y por coincidir con los actos de homenaje en el LX aniversario de la ordenación sacerdotal del Papa Benedicto XVI. Se dedicó la vigilia especialmente a este acontecimiento eligiéndose para meditar los tres aspectos esenciales para la vida y la misión de los sacerdotes y de todos los cristianos que destaca el Papa Benedicto XVI en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones y en su mensaje para la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Madrid: la amistad con Cristo, el don total de sí mismo a Dios y cultivar un diálogo personal con Jesucristo, en la fe.

En el desarrollo de la vigilia se intercalaron textos evangélicos con exhortaciones del Papa Benedicto XVI y momentos de oración personal.

Terminada la vigilia, tras la bendición y la reserva el presidente diocesano agradeció a todos sus asistencia.